La Educación como arma política

• ¿Es lícito, ético y razonable utilizar la Educación como arma política arrojadiza?
• ¿Es posible que algún día se llegue a un Pacto de Estado en educación?
 
Me gustan las preguntas que hacen pensar, me gusta pensar que se pueden hacer preguntas pero, sobre todo, lo que más me gusta es compartir la inquietud por mantener viva la esperanza en una Educación que devuelva al ser humano esa Libertad que, poco a poco, ha ido donando, a cambio de reflejos que no calientan, la mayor parte del tiempo, demasiado su corazón.
 
Recuperar la calidad del debate que pude disfrutar en programas como LA CLAVE, en sus años de emisión en la UHF de TVE (de 1976 a 1985), sería el primer paso para poder afrontar el problema que estas dos preguntas plantea La decepción es uno de los sentimientos que me invaden cuando recuerdo los últimos grandes debates parlamentarios o algunas de las comisiones que se han llevado si las comparamos con aquellos.
 
El mensaje de Francisco Ferrer Guardia "La enseñanza racionalista puede y debe discutirlo todo, situando previamente a los niños sobre la vía amplia y directa de la investigación personal", grabado al pie de su monumento en Bruselas en 1910, como testimonio de su muerte por la causa de la Libertad de conciencia, me parece que cada vez está más alejado del conjunto de debates que sobre Educación se están llevando a cabo.
      
Todo el mundo está preocupado por la Educación como respuesta a problemas que son reflejos de una causa mayor y que, me da la impresión, nadie quiere destapar cual caja de Pandora. Pero al menos, podrían dar a ésta el lugar que le corresponde en el desarrollo humano y social que tanta necesidad tiene de ella para defenderse de los lodos de la opresión.
      
Someter a debate un modelo social, un modelo de convivencia mundial basado en la avaricia del libre mercado y las políticas neoliberales parece arriesgado. Los fantasmas del pasado siguen estando presentes y, en nuestra sociedad, éstos aún pasean las sotanas reclamando el espacio perdido. 
      
¿Tenemos todos los ciudadanos claro qué queremos para nuestros hijos? ¿Tienen los defensores de la Democracia claro que ésta se fundamenta en la coexistencia de diferentes posicionamientos y, por tanto, en su necesidad de diálogo y convivencia sin poner en riesgo los pilares que la sustentan? ¿Tenemos todos claro que existen elementos que se identifican como defensores de la Democracia y que en realidad no entienden qué es la Democracia porque su sueño es otro tipo de organización social donde ellos manden y los demás obedezcan?
 
La superación del Estado es una utopía, al menos eso dicen, pero en el camino hacia esa utopía existen mejores y peores estaciones para el viaje. La Democracia ha garantizado a muchos seres humanos la posibilidad de recuperar aquello que le habían robado, su voz. Quizás esa voz no está interesada en hacerse escuchar, quizás esa voz no entiende, por siglos de imposición, que ella es la dueña y señora de la altura, la duración y la intensidad de su mensaje.
 
La Educación es la que tiene que despertar al poseedor de la voz para que la utilice según le parezca, es la que tiene que enseñarle que todo está en construcción, que es necesario que participe de esa construcción y que vigile la defensa de sus libertades ante posibles asaltos, cada vez más encubiertos, de sus enemigos.
 
Bakunin escribió en El Principio de Autoridad: “Tales son los cuentos absurdos que se divulgan y tales son las doctrinas monstruosas que se enseñan en pleno siglo XIX, en todas las escuelas populares de Europa, por orden expresa de los gobiernos. ¡A eso se llama civilizar a los pueblos! ¿No es evidente que todos esos gobiernos son los envenenadores sistemáticos, los embrutecedores interesados de las masas populares?”.
 
Estas palabras podrían parecer trasnochadas, claramente pertenecen a un contexto histórico determinado y,  por tanto, a una realidad que no puede compararse con la nuestra. A pesar de ello, ¿no es cierto que en pleno siglo XXI, las discusiones sobre aspectos como la conveniencia o no de mantener la asignatura de religión en las escuelas públicas, la asignatura de Educación para la ciudadanía, etc., nos recuerdan la vigencia de la idea de control sobre el grado de emancipación de los pueblos?
 
Desde esta perspectiva, es imposible aspirar a un gran pacto sobre la Educación. El problema que veo es la diferencia tan abismal que existe en la manera de entender la Democracia y las prácticas democráticas entre los dos grandes partidos de nuestro país.
 
A pesar de Dios, la izquierda va consiguiendo recuperar la libertad robada a los ciudadanos. Robada por aquellos que se preocupan de controlar la vida de los demás en vez de vivir la propia, que se sienten amenazados cuando alguien practica el ejercicio de la misma de forma distinta a la suya. Sí, aquellos que se alzaron ante el derecho y uno de los momentos de mayor oportunidad para las expectativas de los amigos de la Educación con mayúsculas.
 
No se debería utilizar la Educación como arma, sería necesario un gran pacto para garantizar un desarrollo de nuestros ciudadanos y ciudadanas bajo los ideales, al menos, de la democracia. Ya que los anarquistas se siguen viendo como utópicos. Esta sería la situación ideal del contexto político de nuestro país para abordar dicho pacto.
 
El problema está en que no podemos dejar que la derecha y sus poderes establezcan una Educación para la doctrina de la fe. La fe en Dios, en el Libre Mercado y en la sumisión. Es obligación de la izquierda de este país defenderse y defendernos a todos, incluidos aquellos que no son conscientes de esta lucha, para poder seguir recuperándonos de aquellos tristes 40 años de oscurantismo, imposición, crimen y anulación del sentido de la propia existencia del ser humano.
 
Creo en la Educación, creo en el pacto, creo en la Escuela Pública y Laica. Pero mientras la derecha aprende a jugar en democracia, creo en la defensa de unas mínimas garantías de la Libertad y, por tanto, en combatir con uñas y dientes cada uno de los espacios que intenten robarnos. Animo a la lucha, a seguir plantando cara, porque el futuro de nuestra Educación como garantía de la búsqueda de la Felicidad, que es la única meta del ser humano, está en no dejarse robar, nunca más, su orientación racionalista y curiosa.
 
No sé si he contestado, tal y como se pudiese esperar, a las dos cuestiones planteadas pero, una vez más, reitero mi gusto por las preguntas que hacen pensar, por pensar que se pueden hacer preguntas y por compartir la inquietud en mantener viva la esperanza en una Educación que devuelva al ser humano su Libertad.
 
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